Crónica

El origen de la palabra ‘vallenato’

Muchas polémicas se ha generado en la región Caribe en torno al vocablo ‘vallenato’, término o expresión que designa a los nacidos en Valledupar y a los nativos de la región que está enmarcada dentro de este vasto valle, situado entre dos magníficas formaciones montañosas, La Sierra Nevada y La Serranía del Perijá, macizos que cobijan a las localidades del departamento del Magdalena, sur de La Guajira, lo mismo que del norte y centro del Cesar, hasta el municipio de Tamalameque.

Como vallenato también se conoce el género musical nacido de las entrañas de estas tierras, el nombre del género musical es el responsable de la polvareda que han levantado los que están en desacuerdo que esta música se denomine vallenato, y por ello las controversias desatadas, todo debido a que estas regiones y otras comarcas más allá del marco de las dos serranías, como la sabanera, en toda su extensión, solicitan paternidad sobre el género.

Esgrimen como argumento que la música vallenata debería llamarse ‘música de acordeón’, olvidando que con ese ese instrumento se interpretan en todo el mundo más de 120 ritmos musicales, todos, eso sí, con nombres definidos, merengue dominicano, rancheras, vals, polkas, mazurcas, tangos, chamamé, cumbias, porros, guabinas, bambucos, joropo oriental de Venezuela, tamborito, además folclor ruso, ucraniano, serbio, estonio, portugués, alemán, austriaco…

EL ORIGEN

Ante estos desacuerdos algunos especialistas, académicos, historiadores, folcloristas y coleccionistas musicales se han dado a la tarea de desenmarañar el origen del vocablo vallenato. Jaime Maestre, académico universitario e historiador, dentro de sus investigaciones encontró que esta palabra nació en España hace 500 años y se aplicaba despectivamente a los nacidos en Madrid, la capital de ese país, todo debido a la leyenda del río Manzanares de Madrid, cuando los pescadores de esa localidad se conmocionaron al saber que por allí merodeaba una ballena, ellos se armaban con picas y espadas para sacrificarla, cuando estuvieron en el lugar, se percataron de que no era tal ballena, si no un tonel de vino, esto causó la burla de los demás y por ello fueron llamados por toda la comunidad como vallenatos.

Al inicio el vocablo se escribía con v y en otras ocasiones con b. Esta palabra fue usada por los clásicos de la literatura española, Miguel Cervantes Saavedra, Tirso de Molina y Lope de Vega. Por su parte, Tomás Darío Gutiérrez comenta que en Santa Marta hay un sector que no reconoce la procedencia del término vallenato porque les quita derechos sobre el nombre del género musical, según ellos este término proviene de ellos, al llamarnos ballenatos por las pintas de nuestros antepasados que sufrían vitíligo, despigmentación de la piel. Al llegar nuestros acordeoneros a la zona bananera, los samarios observaban sus pintas e hicieron el símil con las pintas del color de la piel de los bebés de las ballena.

‘La cacica’ Consuelo Araújo Noguera afirma en su libro ‘Vallenatología’ que las personas oriundas de este valle, que antes era parte del Magdalena Grande, los llamaban despectivamente provincianos. Valledupar en la época colonial fue una localidad muy importante de la Nueva Granada, estaba catalogada entre las 10 más importantes de la colonia, y por eso era reconocida como la provincia de Valledupar.

Afirma también la cacica que el término vallenato se usaba para denominar a nativos de estas tierras de muy baja categoría social que eran víctimas de la enfermedad del carate, estas personas eran quienes cultivaban la música vallenata, que aún no gustaba en las altas esferas sociales, de allí se desprende la afamada canción del compositor José María ‘Chema’ Gómez, compuesta al campesino acordeonero Antonio Guerra Bullones, conocido como ‘Compae Chipuco’, quien tenía su piel pintada: “Soy Vallenato de verdad, tengo la patas bien pintá”.

EN LA CONQUISTA ESPAÑOLA

Los primeros conquistadores e historiadores llegaron por los lados de Venezuela, 1528. Pedro de Badillo fue la primera persona en utilizar la expresión “El Gran Valle”, al observar la belleza y exuberancia de estas tierras, posteriormente lo hicieron, en 1531, Lucas Fernández Piedrahita, Juan de Castellanos y Fray Pedro Simón.

Años después lo escribió el francés Luis Estríper, a mediados del siglo IXX, al escuchar el relato que hizo de esta región un errante paisano suyo que vivió muchos años en Camperucho, región de Valledupar; describió ese lugar como el gran Valle de Upar, haciendo alusión al liderazgo del cacique Upar. Muchos siglos después, Julio Oñate Martínez, Investigador, compositor, ganador de la canción inédita del Festival Vallenato y coleccionista musical, ilustra cómo llega el término vallenato a la discografía.

Dice que las primeras canciones vallenatas que recibieron este rótulo fueron grabadas en orquestas, 1944, una de ellas es ‘Compae Chipuco’, del compositor José María ‘Chema’ Gómez, canción que hace alusión al vallenato pata pinta, fue rotulada rítmicamente como son vallenato por la orquesta Atlántico Jazz Band, que dirigía ‘Pacho’ Galán.

‘Pacho’ Rada, que para ese mismo año era muy popular en las emisoras de Barranquilla, le entrega a ‘Pacho’ Galán su canción ‘El Tigre en la Montaña’, y Galán la graba con la misma orquesta con el nombre de ‘La Intriga de los Vallenatos’, refiriéndose a las contiendas musicales entre nuestros juglares. Para ese mismo año aparece en las grabaciones Abel Antonio Villa, rotulando sus canciones como paseos, sones y merengues.

PRIMEROS CANTOS

De los primeros cantos vallenatos aparece grabada en Argentina la canción de dominio público que tuvo mucha resonancia, ‘Toño’ Miranda en el valle, lo hizo grupo colombiano de Fortich y Valencia, rubricado como paseo vallenato. Los analistas creen que estas grabaciones fueron determinantes para que de allí se catapultara el nombre vallenato, como género musical y gentilicio oriundo de la región del valle del cacique Upar.

Los apóstatas de este término quieren con esta actitud deslegitimar la importancia y trascendencia que ha tenido Valledupar y su Festival Vallenato en la promoción y difusión de este folclor que antes de 1968, era la cenicienta musical, una expresión que por su origen campesino fue discriminada, vilipendiada, remitida a los patios de las casas, lo que se conoce hoy como parrandas, era excluida de los eventos sociales, cumpleaños, matrimonios, bautizos, eventos que eran amenizados por mariachis que pululaban en la comarca, lo mismo que bandas procedentes de la costa colombiana y de Venezuela, la prueba más fehaciente es que en el encopetado Club Valledupar durante una larga temporada no aceptaban grupos de música vallenata.

La perseverante constancia del Festival Vallenato, a la cabeza de Consuelo Araújo Noguera, Alfonso López y Rafael Escalona, sacó la música vallenata de los corrales y potreros del terruño y la llevaron a los escenarios más prestigiosos e importantes de Colombia y el mundo, convirtiendo este aire musical en representación cultural de nuestro país ante el mundo y reconocido por la Organización de Naciones Unidas (ONU) como patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad.

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