
Mercedes Barcha jugó un papel trascendental en la vida del escritor Gabriel García
Márquez donde no solamente brilló el amor, sino que lo condujo directamente por
el mejor camino de las letras haciendo posible retratar una cantidad de hechos
y personajes de aquel viejo Macondo, hasta lograr que aterrizaran varios
libros, siendo el principal ‘Cien años de soledad’.
Gabo, el hombre que, a Mercedes Raquel Barcha Pardo, siendo muy joven le endulzó la
vida para no andar escondido en las soledades del destino, llevándola de la
mano por el mundo del silencio, donde solamente se escuchaba el sonido de una
máquina de escribir en medio de historias que desfilaban por su memoria.
Gabriel García Márquez ilusionaba con maestría, y en cierta oportunidad le escribió a
Mercedes una frase que la llevó al cielo, como aquella vez lo hizo con
Remedios, la bella. “Te quiero no solo por cómo eres, sino como quien soy
cuando estoy contigo. Te confieso que no tengo un instante sin pensar en ti,
que todo cuando cómo y bebo tiene tu sabor, que la vida eres tú a toda hora y
en todas partes. Que el gozo supremo de mi corazón sería morirme contigo”.
Esta bella frase resonó con la más profunda conexión entre la belleza poética y la
experiencia interior. Evocó esos detalles que tocaron el sentimiento cuando el
alma destila amor. Entonces, No se pudieron citar los nombres porque las letras
sobraban.
Del sacrificio a la gloria
Mercedes, con su manera de ser noble y decidida, fue artífice de la fantasía del libro
‘Cien años de soledad’, sabiendo conducir el barco del hogar mientras él se zambullía desde su cuarto en los capítulos de una historia que no tuvo un final feliz, pero para ellos sí lo fue. Este sacrificio, años después le permitió a Gabo obtener el Premio Nobel de Literatura, que lo recibió a ritmo de vallenatos.
No fue nada fácil la peripecia cuando la plata que se había reunido solamente
alcanzó para seis meses, mientras el proceso de redacción del libro un duró año
y medio. Nunca faltó nada y de la fe combinada con la esperanza partió todo. Es
así como la elocuente declaración de Gabriel García Márquez dejó claro el papel
que ella desempeñó. “Sin Mercedes no hubiera llegado a escribir el
libro”. La importancia en su momento también la ratificó Aída, hermana
menor de Gabo, al expresar. “Lo que sí me consta, es que Gabito respira
por el pulmón de Mercedes, Ella es cómplice eterna y la verdadera
administradora de su vida”.
Mercedes era de poco hablar, pero en Cartagena la noche del 31 de marzo de 2010, con motivo del lanzamiento del 43° Festival de la Leyenda Vallenata, en homenaje al
maestro Rafael Escalona, al preguntarle con cuál libro de Gabriel García
Márquez se quedaba, respondió de inmediato. “Naturalmente, ‘Cien años de
soledad’, un hijo que tuvo un parto largo”.
Vallenatos para Gabo
Cada seis de marzo en el cumpleaños del escritor no faltaba la música vallenata.
Cuando estuvo en México, en muchas ocasiones estuvo el grupo ‘Guatapurí’ que
integraban tres colombianos: el acordeonero Luis Aponte, el cajero Adonay Ortiz
y el guacharaquero Raúl Ordóñez. En cambio, en Colombia el acordeonero
preferido era el Rey Vallenato Julio Rojas Buendía, quien le interpretaba
canciones de Rafael Escalona, Leandro Díaz, Alejo Durán, Emiliano Zuleta
Baquero y Adolfo Pacheco, entre otros.
En la entrega del Premio Nobel de Literatura en Estocolmo, Suecia, el 8 de diciembre de 1982. también estuvo presente la música
vallenata con Poncho y Emiliano Zuleta, Pedro García y Pablo López. A raíz de
ese acontecimiento el maestro Rafael Escalona, compuso la canción ‘El vallenato
Nobel’ que grabaron los hermanos Zuleta.
El vallenato siempre estuvo flotando en el pensamiento de Gabo, quien nació el
domingo seis de marzo de 1927, según consta en el libro 12, folio 126, marginal
324 de la iglesia parroquial de San José de Aracataca, Magdalena.
Él dejó estampada en el año 1948 una frase que encerró todo. “No sé qué tiene el
acordeón de comunicativo que cuando lo oímos se nos arruga el
sentimiento”. Además, escogió como su canción favorita, ‘Elegia a Jaime
Molina’ de la autoría del maestro Rafael Escalona. Es una de las expresiones
vallenatas más profundas sobre la amistad, la lealtad y el dolor por la pérdida
temprana de un amigo.
Gabo, fue y sigue siendo el hijo mayor de las letras colombianas, y cuando el cinco
de junio de 1967 la editorial Sudamericana en Buenos Aires, Argentina, lanzara los
primeros ocho mil ejemplares del libro ‘Cien años de soldad’, no pensó que
superara la cifra de más de 50 millones de copias, siendo traducido a 49
idiomas. Definitivamente, esa obra es una parranda de letras que al sonar del
acordeón se convirtió en frases que le dieron la vuelta al mundo gracias a la
magia de Macondo.
Mercedes, ‘La Gaba’, como era conocida, la mamá de Rodrigo y Gonzalo, cumplió el mejor
papel como esposa, madre, compañera y la que estuvo durante 56 años al lado del
hombre que con total acierto escribió. “Uno no se muere cuando debe, sino
cuando puede, y el secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto
honrado con la soledad”.




